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"Salir a expresarnos cuando todo está bien, es fácil, pero enfrentar una crisis no es tan sencillo".


Admitir la responsabilidad en un momento de crisis, siempre ha sido difícil en el Perú por las autoridades y voceros no capacitados para enfrentar el problema. Recordemos la explicación de un ingeniero de Emape cuando se le preguntó por la caída de un puente y respondió que ?no se cayó, se desplomó?. Cuando se fabrica un puente, se hace con los refuerzos necesarios para que el río no lo tumbe, entonces, ¿no hubiera sido mejor admitir el error? ¿Cómo esta declaración complica la imagen de quienes están detrás de esta infraestructura? ¿Qué nos asegura que, en el futuro, ante la crecida de ríos, los puentes no se van a seguir desplomando? Son muchas las interrogantes cuando no se da una explicación bien pensada.


Recientemente, una gerente de una empresa importante en el país, ante la imposibilidad de abastecer de combustible a nuestros aviones en el nuevo terminal Jorge Chávez, indicó: ?Hay combustible, pero lo que no hay es la correcta distribución?. El hecho es que los aviones no despegan y ella no nos agrega ningún valor en la información.


Esto nos lleva a la reflexión de qué tanto capacitamos a los voceros de las empresas para las crisis. Salir a expresarnos cuando todo está bien, es fácil, pero enfrentar una crisis no es tan sencillo. Pareciera que admitir el error, la ineficiencia, las equivocaciones son mal vistas, así que mejor buscan una justificación y culpar a otros. La idiosincrasia del peruano es generosa con el perdón, pero está harta de las excusas, de las explicaciones y de las disculpas sin contenido de solución.


Minimizar el error, es como querer tapar el sol con un dedo. Reencuadrarlo con palabras que suenen más técnicas, explicativas, o neutrales, no hace más que dudar de lo que se está expresando. ¿De qué me sirve que haya combustible si no se puede abastecerse a los aviones por un tema de transporte? ¿Algo tan básico e importante no se pudo anticipar?


Busquemos la excelencia si queremos ser un país mejor. Desterremos de nuestros argumentos las excusas, la culpa a otros. Admitamos que nos equivocamos, que vamos a rectificar, y a aprender de los errores. Demostremos que estamos tomando las medidas para solucionar a la brevedad y hagámoslo. Salgamos a contar la solución y nuevamente a pedir disculpas si es necesario, con la respectiva compensación a los perjudicados. ¿Cuál es el costo de la compensación vs. el costo de la imagen?


Una pena que en una gran obra, que cuesta millones de dólares, y de la que debemos estar orgullosos, no se haya cuidado los detalles.


Un aeropuerto está hecho para viajar, esa es su función. Su excelencia está basada en que la experiencia de viaje sea la mejor y que todo debe funcionar como reloj.


Ya mejor ni referirnos a lo que compete al Estado como las vías para llegar al nuevo aeropuerto, el tráfico infernal, las horas para llegar antes y hasta el transporte público, etcétera. La cereza del pastel, el tren donde una de sus estaciones termina en el antiguo aeropuerto y no en el nuevo. Como se diría en Condorito: ¡Plop!


¿Cómo podemos solucionar esto? Contratando gente capacitada y preparada, para que no tengamos que escuchar que: ?El puente no se cayó, es que el río lo empujó? o ?combustible hay, pero no hay quien lo eche a los aviones?.